sábado, 26 de septiembre de 2009

Nuevas evidencias de abuso sexual infantil por el clero católico: el caso Italia



Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que

creen en mi, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra

de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar

Mateo 18:6


Dante colocó en el noveno círculo de su genial Comedia, en el último y por tanto en el peor de los círculos, pues se encontraba en el centro del infierno, a aquellos hombres que cometieron traición hacia otros seres humanos, para él el peor de los pecados. Judas Iscariote sería un huésped obligado, pero también colocaría allí a muchos sacerdotes y a algunos papas. Dante no se equivocaba al situar allí a renombrados miembros de la curia: si hablamos de la aplicación de los conceptos doctrinarios de la Iglesia católica a la vida cotidiana un elemento fundamental en los fieles es la confianza a ultranza de éstos hacia los supuestos instrumentos de la divinidad, es decir los miembros del clero, pues estos se presentan como intermediarios entre el hombre corriente y dios; su palabra y actos son considerados la verdad, sin discusión. Lamentablemente en muchos casos esta relación desigual entre fieles y sacerdotes ha sido empleada de la peor manera, causando un dolor inconmensurable, el que la jerarquía eclesiástica ha contribuido a incrementar en muchas ocasiones con su silencio o su complicidad.


Ya algunos escritores de la biblia advertían que nos cuidáramos de los lobos disfrazados de corderos. Cuánta verdad tienen estas palabras cuando nos referimos a la existencia de depredadores sexuales en el seno de la Iglesia Católica. El estudio de su accionar, de su psicología profunda, de su relación con sus superiores, de la actitud de éstos ante el conocimiento de lo que ocurría, de la actuación de la Congregación para la Doctrina de la Fé (encargada de investigar estos hechos) y la de los propios pontífices, ha permitido a algunos estudiosos del tema asimilar el modus operandi en estos casos al de la camorra italiana o al de la cosa nostra, con su singular pacto de silencio, la omertá.


El escándalo se desató a lo largo de ésta década primeramente en EEUU, y han sido muchos los países en los que el abuso sexual vinculado a la pederastia han sido denunciados. Los horrores por lo sucedido han sido consistentemente conocidos por la prensa (ver Grand Jury Report on the Sexual Abuse of Minors by Clergy de Philadelphia como ejemplo de lo ocurrido). Todos los informes que han llegado a conocimiento público coinciden en la existencia de una trama similar con la que fue tratado este problema en las distintas diócesis donde se produjeron las denuncias: el sacerdote, una vez obtenida la confianza de los niños y de sus padres, procedía al abuso sexual consuetudinario de sus víctimas a quienes sometía con su autoridad o con la vil sugestión de que nadie podría creerles lo que contaran. A despecho de lo innoble de esta actitud, algunos casos en su momento pudieron ser denunciados, no obstante fue siempre una constante que el obispo, bajo cuyo cargo se encontraba la parroquia del criminal, impedía la actuación de la policía procediendo sencillamente a transferir de parroquia al abusador, en donde su labor depredadora continuaba con libertad, procediéndose así a sucesivos cambios de ciudad con la consiguiente continuidad en los abusos. Nunca se denunció al sacerdote abusador. Siempre se actuó en el secreto más avieso posible.


La burocracia eclesial contaba para este efecto con algunos elementos de su singularísimo derecho canónico que permitían el ocultamiento del delito y la pobre colaboración con las fuerzas del orden, En 1962 se distribuyó un documento privado que años después ha trascendido al conocimiento general: el Crimen sollicitacionis. Este documento instruía a la curia en el secretismo, específicamente en casos en los que sacerdotes fueran acusados de abusar del sacramento de confesión para hacer proposiciones sexuales a los penitentes y, por extensión, a los clérigos acusados de homosexualidad, abuso sexual infantil y bestialismo. Los sucesivos papas que dirigieron los destinos del catolicismo desde esa fecha usaron ese documento para asegurar el secretismo y encubrir los abusos de sacerdotes y obispos: sin duda monseñor Ratzinger (aka Benedicto XVI) conocía en detalle estos escándalos durante mucho tiempo. Por si esto fuera poco el mismo personaje, ya encumbrado como encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, distribuyó una directiva para el tratamiento de los delitos más graves en los que se vieran involucrados miembros de la curia, el De delictis gravioribus. En dicho documento se establecía que al respecto de cualquier acusación que se dirigiera contra un sacerdote, el asunto sería tratado de la forma más secreta posible, apelando al secreto del Santo Oficio, es decir al silencio perpetuo. Se daba también un plazo para la prescripción de los mismos, o sea 10 años desde que el delito se cometió o desde que el menor abusado alcanzara la edad de 18 años. Ratzinger también endosó la cláusula clave del item 13, de la instrucción preliminar de 1962 que establecía: "El juramento de mantener el secreto debe también ser cumplido en estos casos por los acusadores, quienes denuncian al sacerdote y los testigos"; el ardid así cerraba su siniestro círculo: se permitía a los obispos emplear su autoridad para silenciar a las víctimas del abuso obligándolas a jurar guardar el secreto bajo pena de excomunión. Estas instrucciones fueron también intencionadamente interpretadas para permitirles a los obispos, que trataran las quejas contra sacerdotes, el encubrimiento de los hechos y su no denuncia a la policía.


Todo este preámbulo lo menciono para hacer de conocimiento un trascendido a la prensa. Recién este mes la agencia AP recoge una noticia publicada en enero de este año en la revista L'Espresso en la que se menciona el testimonio de 10 personas, sordas, que siendo niños fueron abusados sexualmente entre los años 50 y 1984 en una escuela católica en Verona (ver L'Espresso del 22 de Enero 2009). Decenas de víctimas de los sacerdotes que laboraban en el Instituto Antonio Provolo para sordomudos han realizado una extensa relación de personas afectadas y testigos, pero debido a la naturaleza de las limitaciones a los que la legislación los obliga estos crímenes ya no pueden ser llevados a una corte. Dicen no estar movidos por los juicios ni las compensaciones económicas: quieren evitar que otras personas se encuentren en el mismo riesgo de sufrir violencia como aquél en el que ellos mismos estuvieron. Cerca de 10 sacerdotes acusados siguen aún activos en el Instituto, razón por la cual los ex estudiantes enviaron a L'Espresso su testimonio, escrito y filmado, acerca de su penosa experiencia. Los documentos son conmovedores y dan un atisbo acerca de uno de los más graves casos de abuso sexual paidofílico en Italia: involucra a 25 sacerdotes y a cerca de 100 víctimas.


Remitámonos al artículo y a los videos de L'Espresso para mejor comprensión: "Los autores de los cargos citan una lista de episodios que comienzan en los 50's. Describen casi medio siglo de torturas, aún bajo el altar, en el confesionario, dentro de los lugares más sagrados. Aquellos niños tienen ahora entre 50 y 70 años de edad. Los abusos ocurrían incluso cuando estaban en grupo, bajo la ducha. Giuseppe -uno de los afectados- recuerda: "Tres muchachos y tres sacerdotes se masturbaban unos a otros mientras se duchaban". Pero talvez la historia más inquietante es la de Bruno, quien a fines de los 50's era considerado el muchacho más guapo de la clase: "Me volví sordo a los 8 años, al año siguiente comencé a acudir al Instituto Provolo hasta cumplir los 15. Luego de tres meses de mi ingreso y hasta que dejé la escuela fui objeto de acoso sexual, sodomizado y forzado a tener todo tipo de relaciones sexuales con los siguientes sacerdotes y hermanos:..." Y enumera una lista con 16 nombres, entre los que se encuentra un alto prelado, muy famoso en Verona del cual recuerda que acompañado de otro cura fueron al edificio de la iglesia: "Era 1959, yo tenía 11 años. Me sodomizó y me pidió que hiciera otros juegos sexuales. Fue una terrible experiencia que me generó serios problemas psicológicos cuando llegué a la adultez". Los abusos no se perpetraron sólo con niños. Lina, quien tiene ahora 50, estuvo en el Instituto entre los 6 y 17 años; a los 13,"en la iglesia, durante la confesión el sacerdote tocaba mis senos una y otra vez. Recuerdo muy bien su nombre, vivía aterrada cuando se acercaba el momento de la confesión". Giovanna escribe que otro sacerdote "se tocaba su miembro y me pedía que yo lo hiciera" Para muchas de las niñas de entonces estos actos ocurrieron en la iglesia, bajo el altar, en el confesionario, no había lugar sagrado para estos criminales.


Los ex estudiantes han expresado sus reclamos ante la curia de Verona, pero tras la indiferencia de la misma y a pesar de las múltiples reuniones sostenidas con el obispo monseñor Giuseppe Zenti con los inútiles resultados obtenidos, se han visto obligados ha enviar una carta fechada 8 de Diciembre 2008 en la cual manifiestan su decepción: "No obstante nuestros encuentros con la curia, durante los cuales hemos llamado su atención acerca de los actos paidofílicos y los abusos sexuales perpetrados contra antiguos estudiantes sordos y mudos en los años que estuvieron en la institución, no hemos recibido respuesta a nuestros reclamos" "No hay respuesta a pesar de su compromiso de intervenir en este asunto"


La agencia AP en la noticia publicada el 13 último menciona otros datos interesantes (ver AP setiembre 13, 2009) Uno de los afectados, Gianni Bisoli de 60 años, menciona al obispo Giusepe Carraro, quien está siendo considerado para su canonización. Es un caso ilustrativo de cómo maneja la curia este tipo de problemas: un juicio diocesano fue efectuado en el que se declaró a Carraro inocente de los cargos. Lo interesante de la situación es que durante la investigación no se entrevistó a ninguna de las víctimas denunciantes, los testimonios se limitaron a los miembros sobrevivientes de la congregación, al personal de la escuela y a la revisión de la documentación existente. La beatificación se suspendió durante el proceso, ahora continúa adelante; es a este connotado obispo a quien se refiere la acusación mencionada párrafos arriba. El artículo mencionado es más detallado en cuanto a las perversiones que se permitía el obispo con los niños sordos, por lo que remito a su lectura.


AP ha hecho una relación detallada, desde la denuncia del Instituto Provolo hasta hoy, de 73 casos de abuso sexual que comprometen a igual número de sacerdotes y a 235 víctimas en todo Italia. El detalle de la misma habla entre otros delitos de inducción a la prostitución infantil, participación en rituales satánicos y un connotado caso involucra a un sacerdote florentino a quien se hace responsable de "abuso sexual, falso misticismo y dominio de conciencias". No obstante la conducta que ha de seguir la burocracia católica aún es incierta: mientras el obispo de Verona, Giuseppe Zenti pide "humildemente el perdón de las personas afectadas y sus familias" sin promover la mínima sanción a los abusadores, el procurador de la Congregación para la doctrina de la Fe, Charles Scicluna, admite que el problema es antiguo y que necesita ser arrancado de raiz, y en un alarde de falaz lucidez menciona: "Siempre ocurrió (el abuso sexual pederasta). Es importante que la gente hable de ésto, porque de otro modo no podríamos brindar la salud que la iglesia puede ofrecer a las personas que la necesitan- tanto las víctimas como los perpetradores". No se observa en sus palabras la más mínima crítica del accionar eclesial, tan sólo la arrogancia del que cree tener la razón y el desprecio del sufrimiento humano al equiparar el de las víctimas con el de sus victimarios.


Si el infierno de Dante existiera, y otro vate cantara sobre él, no dudaría en poner allí a todos aquellos actuales sacerdotes, obispos y papas que traicionaron con vileza la confianza de sus creyentes.


Guillermo Ladd

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1 comentario:

  1. Apreciado Maestro:
    Sin duda Ud. conocía ya la efeméride:
    http://www.blasphemyday.com/
    y que casi, casi coincide con su fecha onomástica.
    Feliz cumpleaños atrasado, un gran abrazo.

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