jueves, 15 de octubre de 2009

Fred Phelps y la teología "anti-marica" de la Iglesia Bautista de Westboro



Las desgracias que últimamente les ocurren
a los norteamericanos son consecuencia de la
tolerancia de los EEUU con los homosexuales,
Dios odia a América, y todos los gays deben morir"
Lema de la Iglesia Bautista de Westboro

"Dios no los odia porque sean maricas;
son maricas porque dios los odia."
Reverendo Fred Phelps

Creería el lector que alguna de las nuevas religiones que el mercado espiritual ofrece podría estar fundada en el odio? O que lo principal de la teología de uno de estos nuevos cultos encuentre su fundamento en el desprecio y animadversión contra un grupo humano que se desvía de la norma en cuanto a su orientación sexual? Haga el lector una breve y no prejuiciada indagación en busca de una tipificación sociológica de los nuevos cultos que aparecen cotidianamente como hongos tras una llovizna, una primera evidencia que se constatará es que existe uno para cada gusto religioso, para cada preferencia espiritual y aún para cada odio.
Sacamos a colación el tema dada la reciente movilización que la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) efectuó en Washington hace una semana, la National Equality March, que promueve la igualdad de derechos personales a la que aspiran como ciudadanos norteamericanos los miembros de esta comunidad. Un temor de los manifestantes, expresado durante los preparativos de la misma, era la aparición previsible de los seguidores de la Iglesia Bautista de Westboro, una agrupación minúscula pero de notorio activismo, siempre dispuesta al empleo de la propaganda antihomosexual aún en situaciones límite que podrían suponer una actitud de reserva empática ante el dolor de los demás como la que se da en un funeral (Es sumamente interesante leer las explicaciones de los miembros de éste culto ante el crimen de odio efectuado en la persona de Matthew Sheppard, cuyo funeral pretendieron hace más de 10 años boicotear por su condición de homosexual exponiéndolos así a los reflectores de la opinión pública internacional ).
Fred Phelps es el líder religioso de esta singular Iglesia cuya base se encuentra en Topeka, Kansas. Tiene ésta 75 miembros siendo más del 80% de sus seguidores miembros de su familia, hijos, nietos y bisnietos. Su página web merece una lectura cuidadosa: es una clara evidencia de los extremos a los que la psicopatología puede llegar al asumir la forma de un credo religioso. La actividad proselitista de este grupo busca el odio de la sociedad norteamericana hacia los supuestos responsables de los problemas nacionales y por extensión a los de la humanidad: los homosexuales, a quienes despectivamente denomina "maricas" (fags en inglés). En su delirante interpretación de la realidad histórica, Phelps asume que los males que asuelan a los EEUU tienen que ver con la expresión tibia de la tolerancia nacional hacia los "maricas" . Llega a una afirmación insostenible, como lo muestra la fotografía colocada líneas arriba: que el ataque terrorista contra las Torres Gemelas fue un regalo de dios, una confirmación de que su prédica es la correcta. Los muertos en Irak también forman parte de la misma explicación y conforme llegan de regreso al país, los seguidores de Phelps se han manifestado incansablemente con piquetes en cada oficio fúnebre que los deudos han ofrecido en su recuerdo.
Como orgullosamente lo muestran en su página ya han realizado 41,226 manifestaciones de éste tipo desde Junio de 1991, inicialmente se presentaban en todo funeral de algún muerto por SIDA, pero tras el 9/11 y la invasión a Irak, en todo funeral de algún soldado muerto en esta confrontación. Han llegado al extremo de expresar su beneplácito con los IEDs que han acabado con las vidas de cientos de soldados norteamericanos. Observemos lo insidioso de su propuesta al entender que éstas son las siglas de “improvised explosive devices,” es decir coches u hombres bomba. Gastan alrededor de un cuarto de millón de dólares anuales en el desplazamiento de los piquetes que promueven, lo cual es pagado con sus propios recursos: diez de los 13 hijos del pastor Phelps son abogados como él. Nada lo ha detenido: ha sido llamado el más vil de los viles, inhumano y aún insano, pero él considera éstas adjetivaciones evidencia de lo correcto de su proceder, la prueba irrefutable de que predica la palabra de dios. "Sé lo que va a ocurrir -afirma- porque la biblia dice que así ocurrirá. Noé lo predicó por 120 años, sucedió el diluvio y no había convencido a nadie. Sé que no va a haber nadie que crea en ésto" sin preocuparle, ya que su determinación se mantiene incólume. Sus odios, por cierto, no se limitan a lo nacional, además de su anti-semitismo sus ataques también se dirigen contra los suecos, los irlandeses, los canadienses, la iglesia católica, los americanos de raza negra y todo aquel ciudadano o comunidad que defienda los derechos homosexuales.
La justificación de su lema central "Dios odia a los maricas" (GOD HATES FAGS) está claramente detallada en el sitio godhatesfags.com, y afirman que es "un profundo enunciado teológico, que el mundo necesita oír más de lo que necesita del oxígeno, del agua o del pan" y que demostraría:
"1) la absoluta soberanía de DIOS en todos los asuntos
2) la doctrina de reprobación, el ODIO de dios, que supone la retribución eterna o el castigo interminable de la mayoría de la humanidad en el infierno, y
3) la certidumbre de que todos los sodomitas impenitentes (bajo la "elegante metáfora" (sic) de FAGS, maricas) inevitablemente irán al infierno." (Citas traducidas textualmente). En el siguiente video se corrobora que Phelps no está bromeando, cree en lo que dice, como cree en dios.

video

mo se llega a semejante ideología? Qué ocurrió en la mente de Phelps para que llegara a éstas conclusiones? Los datos de su biografía hablan de una singular experiencia religiosa que la experimentó alrededor de los 17 años, cambiando desde entonces una personalidad que su entorno veía destinada a un ajuste de excelencia con su sociedad. El devenir posterior de su historia personal guarda semejanzas con las vidas de otros fundadores de las religiones de hogaño, y resulta un documento imprescindible no sólo para el estudio sistemático de las sectas y cultos actuales; si nos atenemos a que nuestro cerebro no ha evolucionado desde que adquirió su impronta en el neolítico, época coincidente con el inicio de la conducta religiosa en el Homo sapiens, la evaluación de biografías como la de Phelps permitiría extrapolar lo que podría haber ocurrido en el cerebro de los fundadores de las religiones más antiguas.
La religiosidad no puede substraerse al análisis científico, no obstante ser ésta actitud racional observada con suspicacia por las burocracias de las iglesias establecidas: buscar los fundamentos biológicos de la experiencia mística, indagar acerca de los mecanismos psicológicos que permiten su difusión desde el humano creador de la doctrina a los demás humanos, entender las múltiples formas de su expresión ritualística y sobre todo prevenir los excesos de sus versiones apocalípticas, son tareas de actualidad para el hombre contemporáneo, puesto que su comprensión permitirá conocer las profundidades de nuestra singular naturaleza.
La religiosidad, al ser un aspecto de nuestra naturaleza que con pretendida ambición aspira a darle un sentido de coherencia a la existencia, carece de un elemento regulador de los desvaríos a los que puede exponer al hombre en su búsqueda de respuestas; no puede tenerla en vista de la apelación a lo intuitivo no a lo racional cuando se sientan las bases de una nueva doctrina. Como sabemos muchas de las religiones han sido fundadas por hombres que han estado sometidos a experiencias místicas, inefables y de honda trascendencia aparente, que no siendo sino un estado peculiar del cerebro humano fueron asumidas por ellos como una manifestación de la divinidad. La posesión de ciertas características de personalidad les permitió convencer a otros hombres de la supuesta realidad de sus experiencias.
Las nuevas religiones o cultos como suele llamárseles en estos días, exponen a una porción considerable de seres humanos, a aquellos que descontentos con lo que tienen, buscan nuevos horizontes para su sed de infinitud, con la ilusión de querer encontrar las respuestas que las iglesias denominacionales se niegan a darles. Es penoso observar que aquello de lo que en su momento Tertuliano, el célebre padre de la Iglesia católica, se enorgulleciera de asumir ("creo porque es imposible") resulte el fundamento a ultranza sobre el que se sientan las bases de los nuevos credos religiosos. Es penoso, porque se suspende la crítica racional de aquello en lo que se cree y se entrega el individuo a los brazos de una doctrina que en repetidas ocasiones, tal como lo demuestra la experiencia reciente, se aprovecha de la ingenuidad del creyente, en algunos casos esquilmándosele sus bienes y en no pocos quitándoles incluso hasta sus vidas si el líder de alguna de ellas tiene la infeliz ocurrencia de que llegó la hora de partir a nuevas dimensiones de una existencia cuya realidad sólo se encuentra en su tortuosa imaginación.

Guillermo Ladd









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